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Día de muertos a la memoria de Juan Ruíz de Alarcón


Dentro del culto mexicano, la celebración del Día de Muertos (conmemorada anualmente el 1° y 2 de noviembre), es un elemento arraigado a su cultura, una fecha, que para los mexicanos se da un retorno transitorio de las ánimas de sus difuntos, a los cuales se les tiene permitido regresar al mundo de los vivos una vez al año, para convivir con sus familiares y alimentarse de la esencia de los alimentos que les ponen en aquellos altares u ofrendas en su honor, aquellos que les gustaban en vida.


Altar de Muertos - Fotografía por Jorge Medina

Recordemos que para México la muerte está presente, y en esta celebración se materializa a través de un altar u ofrenda, un acto sagrado con elementos profanos, donde año tras año familias mexicanas colocan y comparten con sus difuntos, platillos típicos de la región, bebidas, dulces tradicionales y el delicioso pan de muerto, que van acompañados de decoraciones a base de papel picado, flor de cempasúchil, incienso, copal, velas y fotografías de sus familiares y cercanos fallecidos. En ciertas regiones, estos altares se ponen directamente sobre las tumbas, donde son adornadas con los elementos ya mencionados, donde los familiares comen con ellos y les hacen compañía durante esta fecha.


La ofrenda del Día de Muertos es un altar que en nuestros días refleja el sincretismo cultural entre el viejo y nuevo mundo, donde es importante que no falte ninguno de los siguientes elementos: agua, sal, velas/ veladoras, copal e incienso, flor de cempasúchil, pan, fotografía del difunto, calaveras de azúcar, platillos típicos, bebida, frutas de temporada, papel picado y representaciones en forma de cruz.


Este altar u ofrenda, no puede faltar en las celebraciones de Día de Muertos, ya que son la pieza fundamental de esta tradición mexicana que se sigue preservando. En el pueblo Mágico de Taxco Guerrero se ponen ofrendas en algunas calles (Calle de Celso Muñoz, Calle de Palma, Casa Borda y Casa Humboldt, el Atrio del Santuario de la Veracruz y en algunas casas, los habitantes invitan a los visitantes a ver la ofrenda.


Es por ello que mediante la instalación de un altar de muertos, queremos hacer honor a la memoria de Juan Ruíz de Alarcón y Mendoza, personaje sobresaliente para el poblado de Taxco debido al gran impacto de su arte para la cultura dentro y fuera de México, recordando el legado del dramaturgo taxqueño para México y el exterior. Pero, ¿quién fue Juan Ruíz de Alarcón?


Juan Ruíz de Alarcón

Nacido en Taxco de Alarcón, Guerrero en 1572 y de padres españoles, Juan Ruiz de Alarcón vivió sus primeros años en el seno de una familia acomodada debido a las ganancias de la industria minera y vínculos de la familia con personajes importantes de la política de la época, entre ellos un Virrey y el Obispo de la Nueva España. Sin embargo, esta riqueza poco a poco iría consumiéndose al paso de los años, lo que forzará a la familia Ruiz de Alarcón y Mendoza, a moverse a la capital para 1580-81. Poco se sabe de estos años mexicanos de Juan Ruiz de Alarcón: probablemente estudiaría con los jesuitas en el Colegio de San Juan y San Pablo, y, después, siguió cursos de Derecho Canónico en la Universidad de México entre junio de 1596 y abril de 1600, pero se graduó ya en Salamanca, tras su primer viaje transoceánico.


No hay datos que muestren a Alarcón ejerciendo como abogado en Madrid, aunque es posible que trabajase en secreto para otros letrados y relatores de las distintas audiencias. En efecto, todas o casi todas las comedias alarconianas —aún las inspiradas o concebidas en otros lugares— se escriben en esos años comprendidos entre su llegada a Madrid y el nombramiento de relator supernumerario del Consejo de Indias (17 de abril de 1626); y buena parte de ellas se representó con éxito en diversos lugares de Madrid.


Foto por Fernando Capetillo

Son, en efecto, como dice el propio autor, “lícitos divertimentos del ocio, virtuosos efectos de la necesidad” (Dedicatoria al Excelentísimo Señor don Ramiro Felipe de Guzmán, Señor de la Casa de Guzmán, Duque de Medina de las Torres en la Parte primera de las comedias de don Juan Ruiz de Alarcón, 1628). Es, por tanto, en esta primera etapa madrileña donde hay que situar el grueso de la producción teatral alarconiana, breve, pero de especial importancia en la historia del teatro español.Todo ello hace suponer una situación económica difícil que, sin duda, intentó paliar con la literatura, a través del teatro fundamentalmente.


Las comedias alarconianas se publicaron en dos partes: la primera en Madrid, en 1628, y la segunda en Barcelona, en 1634; suman un total de veinte textos a los que hay que añadir unas pocas comedias atribuidas y alguna escrita en colaboración con otros autores (Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, Madrid, Diego Flamenco, 1622)



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