La Gestión Cultural ¿Interdependiente?


Por un momento casi nos convencimos que lo mejor era difundir la idea de ser un espacio de Gestión Cultural Independiente, sin embargo, y aquí viene lo bonito y esencial de la práctica, estábamos redactando algunas publicaciones para promocionar la recién apertura de Rizom-arte para llevar y nos dimos cuenta la resistencia para decir - somos una plataforma de apoyo al arte emergente o somos un "nuevo espacio" para el apoyo a artistas emergente - si no hacemos eso ¿entonces qué hacemos?


En este espacio llamado Rizomarte, queremos compartir los procesos de cambio, de crecimiento, de penas y de todo lo que implica crear algo. Todo eso que uno vive cuando se sale del aula para sentir la realidad.

Hace poco más de un mes el término "independiente" nos parecía el más adecuado porque fuimos conscientes del panorama laboral y francamente, ahora no encontramos mucho sentido debatirlo porque nos desviamos del objetivo. La situación entre México y España, por ejemplo, mantiene una constante - la precariedad económica del sector cultural a distintos niveles.

Este panorama nos invita a buscar soluciones creativas, la bien llamada innovación, para utilizar los recursos disponibles y equilibrar la vida personal, las necesidades materiales junto con los anhelos profesionales. Decíamos anteriormente, que la idea de ser independientes respondía a un fin básico: crear una organización que fuera capaz de sostenerse por sí sola pero que además, tuviera el peso necesario para colaborar con organismos y reuniera los requisitos formales para lograrlo. Hasta aquí parece que funciona, pero nos dimos cuenta que para lograr el fin último de esta organización necesitábamos integrar personas que trabajan de manera independiente pero que a su vez dependen de otras y entonces saltó la pregunta ¿Hasta dónde llega la independencia y se convierte en interdependencia?

Durante 18 meses desarrollamos aspectos teóricos y prácticos que sustentan las razones de nuestra existencia, gran parte de ese trabajo aboga por atender las necesidades de los artistas e integrar conscientemente las herramientas de la Gestión Cultural. Sin embargo, en esta breve trayectoria han surgido pequeñas observaciones que nos hacen darle una vuelta para comprometernos con la interdependencia.

Gandhi afirmó que la interdependencia debía ser el ideal de las personas entendiéndola como la autosuficiencia, ya que la interdependencia social ponía a prueba su fe. Al ser seres sociales estamos obligados a relacionarnos desde distintas aristas. Es una consecuencia de la especialización en un sentido positivo ya que todas sus partes están conectadas y reaccionan unas con otras.

La interdependencia de trabajo entre artistas y gestores culturales no es rígida pero compromete ambas partes, es el corazón del aprendizaje colaborativo. Los profesionales debemos creer que estamos ligados con otros, de manera que si uno de nosotros tiene éxito es más probable que se dé en cadena para el resto de los miembros. El éxito responde a la división de trabajo en el que cada uno asume con responsabilidad el lugar desde donde decide colaborar. Pero ojo, la competencia por visibilidad o reconocimiento es latente siempre, tiene sus ventajas si se usa adecuadamente y se transmiten aunque no se quiera porque son percibidas por los otros además de impregnar acciones, opiniones, textos y palabras.

Esta breve reflexión nos propone un ajuste inmediato que se adapta mucho mejor al resto de nuestras actividades y nos orienta respecto a la forma de proponer y recibir colaboraciones.

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