Ser Mujer


Mucho se ha escrito y realizado en favor de la naturaleza femenina, la mayoría de las reflexiones giran en torno al papel que socialmente se nos ha asignado, en el entendido que las Mujeres asumimos un rol específico y que da como resultado un sin número de inconformidades, principalmente por la forma en que se llevan a cabo y por las consecuencias de éstos. Lo cierto es que no podemos abordar la cuestión de la esencia femenina si se moldea de manera que sea aceptable para la sociedad.

Confieso que escribir sobre el tema de las Mujeres me resultó complejo, debido a las implicaciones que forman el análisis de este tema, porque no sólo hablamos de individuos sino de una estructura social compleja, que incluye política, religión, psicología y naturaleza concentrada en una visión particular dado el contexto en el cual se vive, se reflexiona y se escribe este artículo.


A pesar de este entramado, pienso que hay una dirección muy importante que se debe considerar para poder hablar de la esencia femenina. Me refiero a esencia porque a pesar de estar influenciada por todo el entorno exterior, es cierto que existe una naturaleza instintiva salvaje dentro de cada ser, aunque en este caso me concretaré en las mujeres.

Esta naturaleza salvaje, no debe entenderse como algo fuera de control, ni tampoco como una inconformidad que aspira a la negación de todo lo establecido. Salvaje, es una palabra asociada a un animal que vive libre en la naturaleza, a una planta que nace sin ser cultivada, es decir, que florece libre en el espacio de la tierra. Sin embargo, su significado cambia cuando se aplica a sociedades humanas entendiéndolas como personas de comportamiento instintivo, inconsciente y cruel. Lo cierto es que su etimología nada tiene que ver con esta asociación, deriva del francés sauvage y ésta del latín silvaticus de la misma raíz de selva y silvestre. Por lo tanto, la pregunta necesaria sería: ¿por qué cuando se transfiere al ser humano, es sinónimo de irracioalidad y crueldad?

La naturaleza salvaje está relacionada con un instinto de supervivencia que nos hace ser capaces de buscar nuestros medios de adaptación, todos tenemos esta esencia y hay muchas formas de desarrollarla, pero los instintos de las mujeres han sido sofocados a lo largo del tiempo, alterando sus ciclos naturales, forzándolos a ritmos artificiales que son sujetos a definiciones que borran prácticamente su verdadero valor. Ser Mujer no es ni la sombra de la idea que se tiene socialmente.

Los arquetipos sociales aprendidos, son por definición de Jung inconscientes y acceden a la consciencia a través de imágenes que constituyen nuestro modo de percibirlos. Estas imágenes son primordiales, pues los símbolos universales con los que se hacen las conexiones, son las máscaras que usamos para representar un papel, es decir, una apariencia externa para dar una imagen favorable y ser aceptado socialmente. De ahí que uno de los problemas y quizá el más importante, radica en la forma en que se reciben, aprenden y entienden las condiciones biológicas de una mujer como: el ciclo menstrual, el inicio de la sexualidad, el embarazo, el parto y la menopausia.El impacto de éstos sobre el inconsciente colectivo, son blanco de aquellos que han querido sofocar el instinto hasta el punto de borrar su rastro, provocando en nosotras vivir estas etapas de manera confusa, rechazándolas e incluso odiándolas

Es una realidad que por condiciones biológicas es imposible tener una verdadera igualdad, como Mujeres tenemos la oportunidad de decidir sobre nuestros fines reproductivos y podemos o no hacer uso de ellos; esta cualidad (sin ser la única) nos hace valiosas si logramos ser consciente de ello.

Siguiendo este orden de ideas, la energía utilizada para defender la igualdad, también pudiera ser útil para hacer notar que en efecto no somos iguales, que hombres y mujeres tenemos necesidades diferentes, que aspiramos a cosas completamente distintas y que a través del reconocimiento de esas diferencias existe la posibilidad de que nazca el respeto incluso por las debilidades, aspirando a una verdadera libertad que permita algo tan básico como la capacidad de decidir.

Cabe señalar, que dentro de la lucha por el reconocimiento de igualdad de derechos y de la no discriminación y violencia de Hombres hacia Mujeres, se olvida algo muy importante: la violencia entre mujeres. Esta parece ser la primera batalla perdida, como género no hemos aprendido a amarnos, a darnos un lugar.

Esta reflexión es sin duda de suma importancia porque no se puede exigir algo que no podemos dar. Y digo, ya es hora que se restablezca una sabiduría que ayude a conocer y valorar ciertas características psíquicas en cada una de nosotras y en las demás como: la aguda percepción, un espíritu lúdico y una elevada capacidad de afecto, una fuerza interna de resistencia natural que permite adaptarse a los cambios, voluntad de acción y poder de decisión, así como valor y lealtad en plena consciencia.

La revalorización con un gran trabajo individual, ayudará a comprender que antes de necesitar el afecto y reconocimiento externo se necesita primero conocerlo internamente. Al mirar nuestros cuerpos, reconocer sus funciones y amarlo por la oportunidad que nos da de hacer, avanzar, crear, pensar, ver, escuchar, comer, degustar, soñar, etc. Sentiremos el hambre de la vida, cuyas palabras evocamos cuando nos entregamos a la restauración del alma.

El origen de lo femenino es todo lo que pertenece al instinto en mundos internos, intangibles y ocultos, en ellos encontramos los saberes necesarios para nuestras vidas escuchando con corazón leal, la pasión y la poesía. Nos habla en susurros desde sueños nocturnos. Es todo un conjunto de ideas, sentimientos, impulsos y recuerdos. Es la fuente de luz, noche, oscuridad, y amanecer. Es la voz que nos dice: por aquí, por aquí.

¿Dónde está? ¿Dónde la sientes, dónde la encuentras?

¡Camina Mujer! Vive y guarda tus huellas, encuentra tu belleza al visualizar la lágrima que cae, en el futuro que se levanta detrás del pasado y que vuelve para encontrarnos, en las experiencias con nuestra psique que nos acerca al instinto libre a través de nuestros anhelos y nuestras aspiraciones particulares, porque no hay cambio exterior sin la transformación interior.

**Texto escrito el 30 de Junio de 2015 en México

Referencias:

Mujeres que corren con lobos de larissa Pinkola Estés

#humanista #cuerpo #mujeres

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